Greta Van Fleet – The Battle at Garden’s Gate [ALBUM REVIEW]

⑦ ★★★★★★★☆☆☆

Nadie puede decir que los pibes de Greta Van Fleet no tienen talento, eso es fácil de discernir con solo darle play a un par de temas o con verlos en el escenario, pero lo que no tienen es personalidad. A lo largo de dos EPs y un LP completo, la banda de Michigan nunca logró sonar a más que a un calco a medias de Led Zeppelin, con poca agencia y chispa que los distinga de cualquier banda tributo de por ahí. Sin embargo, aunque la crítica no acompañó si lo hizo el público, probablemente hambriento de un producto rock más pesado como no se veía hace años.

Aparentemente concientes de esto, la banda lanza ahora The Battle At Garden’s Gate, un disco en el que las composiciones mejoran, las letras mejoran, pero la mayor mejora es que empiezan a sonar como ellos. Acá los temas son grandiosos, a escala, sinfónicos, con Heat Above marcando la cancha. Más Elton John que Robert Plan, es un single teatral, dramático, que nivela acrobacias vocales y con secciones instrumentales lujosas que tal vez hasta podría haber sido parte de High As Hope (después de todo, Josh Kiszka declaro que uno de sus sueños era cantar con Florence + The Machine).

Las nuevas sensibilidades del disco podrán ser una inquietud de la banda, pero tienen también una clara mano invisible: Greg Kurstin, productor de discos como Heard It In A Past Life de Maggie Rogers o Palo Santo de Years & Years se encarga de los 12 temas que conforman The Battle…, nivelando las aspiraciones progressive rock de la banda con la accesibilidad pop que todo disco que apunta a conquistar nuevos públicos necesita, una mediación especialmente lograda en Broken Bells, un baladón con una línea de guitarra increíble en el minuto y medio final que probablemente fuese lo mejor del álbum de no ser por Age of Machine, un single ambicioso, atmosférico, con largas secciones instrumentales poco comunes en un corte de difusión.

Pero lo que probablemente haga tan disfrutable Age of Machine es que pareciera ser el único momento relajado del disco, un resultado de una banda probando ideas en el estudio más que el producto de sesiones maratónicas para lograr el mejor producto que satisfaga a todos.