Miyajima de día, Hiroshima de noche

El tercer día en Osaka llevamos a Ale al aeropuerto temprano a la madrugada y empezamos con Sole a pensar que íbamos a hacer, hasta que entre unos flyers que habíamos agarrado en la estación nos llamó la atención: mostraba un tori en el medio del mar. Dos googleadas después ya teníamos el día armado, y salimos rumbo a Miyajima una isla a 50km de Hiroshima, que también queríamos visitar.

Por suerte el Rail Pass nos servía todavía (pueden ver los detalles en este post), así que nos animamos a la combinación más larga que tuvimos que hacer hasta ese momento: un tren desde la estación de Osaka hasta hasta Osaka-Shin, de ahí el shinkansen hasta Hiroshima, y un último tren desde ahí hasta Miyajimaguchi para después tomarnos el ferry.

Nombrada patrimonio de la humanidad por UNESCO, la isla de Miyajima fue venerada por cientos de años (algunas construcciones datan del año 500), y su templo principal, Itsukushima, se encuentra construido sobre el agua en una bahía cerrada, el punto ideal para venerar a la deidad del mar según la geomancia del Feng Shui.

Habíamos elegido pasar la mañana ahí y después ir a Hiroshima, pero ni bien llegamos nos encontramos conque la marea era baja, así que para ver bien el templo íbamos a tener que esperar a la tardecita.

Nos dedicamos entonces a caminar por el pueblo (lleno de ciervos, aunque no tan domesticados como en Nara) que aún conserva gran parte de su valor histórico, especialmente Machiya Street, una calle-mercado lleno de negocios y puestos de comida tradicionales donde aprovechamos para almorzar temprano.

Con la panza llena, decidimos ocupar el tiempo subiendo al Monte Misen, la montaña sagrada de la isla. Con 530 metros, la mejor opción es tomar el teleférico hasta el punto más alto posible y continuar a pie una media hora hasta el mirador. La zona es bosque virgen, así que pueden encontrar ciervos, monos (que no vimos), y también serpientes y abejas venenosas, por lo que recomiendan llevar buen calzado. Hacía calor y no estábamos preparados para el trekking, pero cuando llegamos a la cima todo valió la pena, sino miren estas vistas:

También en la cima se encuentra Reikado, un templo budista que guarda en su interior el kiezu-no-hi きえずの日, un fuego que lleva encendido 1.200 años. Miyajima en general, y este punto en particular, son considerados grandes centros energéticos, y este fuego en se usa para hervir agua de la isla y utilizarla con fines curativos, y con sus brasas se inició el fuego que se mantiene en el Memorial de Hiroshima.

Para cuando volvimos a la base, el clima había cambiado bastante y la suba de la marea parecía haber traído un fresquito que no habíamos contemplado cuando hicimos las valijas para el verano nippon, pero ni nos importaba porque era la hora de ver a la estrella del día, el templo de Itsukushima:

Recorrimos el templo despacito, disfrutando del ruido del mar y como las luces que reflejaba recorrían las galerías. Sacrificar Hiroshima para poder ver este atardecer nos había costado, pero parecía ser la opción correcta, pero de obstinados nada más no nos íbamos a ir sin pasar por el Memorial.

Después del bombardeo, el Estado Japonés tomo la decisión de reconstruir toda la ciudad y limpiar absolutamente todos los restos salvo el domo del , obra del arquitecto checo Jan Letzel y la estructura más próxima al hipocentro de la explosión que se mantuvo en pie, y erigió a sus alrededores un parque en conmemoración a las víctimas.

Para cuando llegamos a Hiroshima, la noche era total. Estaba empezando lo que vendría a ser el Thanksgiving en Japón y Corea, y entre esas dos cosas las calles estaban desiertas. El silencio en el parque, vacío salvo nosotros dos, era total y el viento estaba perfumado por los ramos y ramos de flores que habían dejado de ofrenda en el Monumento a la Paz. Mientras prendíamos unas velas Sole me dijo que le daban ganas de llorar y hasta a mí que soy cero emocional me pareció una experiencia fuerte. Con esa última experiencia volvimos para la estación, compramos unas sandos en in konbini de por ahí, y nos tomamos el shinkansen de vuelta a “casa”. Al otro día iba a ser nuestras últimas horas en Osaka antes de viajar a Corea.