Ohayo, Osaka!

Con pocas horas de sueño después de nuestra incursión en la noche de Kyoto, nos fuimos temprano a la mañana a la estación para tomar el shinkansen. Como explique en el primer post de Kyoto, nosotros sacamos el JR Pass de 7 días, así que este viaje estaba incluido.

Osaka es una de las ciudades más grandes del mundo pero, a mi gusto, no tiene tantos atractivos como Tokyo y Kyoto, pero si es el punto de conección ideal para ir a otros lugares, así que elegimos alojarnos en Drop Inn Osaka, un hostel que no estaba exactamente en el centro de la ciudad, pero si muy cerca de la estación.

Ni bien llegamos tuvimos la suerte de pegar un upgrade y ya que eramos 3, en vez de nuestra reserva en un cuarto de seis nos dieron un tatami de 4 para nosotros solos. Mientras comíamos algo rápido en el hostel otra vez armamos nuestros días: Íbamos a pasar cinco en Osaka pero Ale se iba dos días antes a Corea para visitar a la familia extendida antes de reencontrarnos en Jeju, así que teníamos que agrupar todo lo que ella quisiese hacer en los primeros tres. Por “suerte”, enseguida nos dimos cuenta de que habíamos calculado días de más que nos hubiese convenido sumar a Kyoto. Los elegidos para esos días fueron Namba (la foto típica de Osaka), Nara (recontra recomendada por nuestro roomie londinense) y Univeral Studios.

Namba es para ir a la noche, así que decidimos pasar la tarde en el acuario, así que volvimos a la estación para ir hasta la bahía de Osaka. Osaka tiene 120 estaciones en 9 líneas que son fáciles de usar porque mantienen el esquema de colores y números que había en Tokyo, pero no fue tan fácil sacar los pasajes, ya que los precios son por zonas y había que sacarlos en una máquina expendedora. Por suerte nos vieron perdidos y vinieron a auxiliarnos, y nos dijeron que si bien no había pases como en Tokyo, si había boletos de 24 horas que te dejan usar subtes, bondis y tranvías por ¥800 los días de semana y ¥600 sábado y domingo.

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La verdad que a mi nunca me llamaron la atención los acuarios, pero la tía de Ale nos había dicho que era imperdible, y la verdad que tenía razón. Osaka Aquarium Kaiyukan es un edificio de 5.400 m3 donde se exhiben más de 29.000 animales de 470 especies, desde medusas luminiscentes a tiburones y ballenas.

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Pitch black

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Los tanques están armados por secciones que representan distintos tipos de biomas, y están hechos de acrílico en vez de vidrio por lo cual la nitidez es increíble. En total hay 27 secciones y dos interactivas donde podes acariciar mantarrayas y tiburones.


El acuario también queda a unos metros del parque Tempozan y una vuelta al mundo gigante con una vista espectacular de la bahía y que vendría a ser el equivalente osakeño del London Eye.

Almorzamos algo en patio de comidas local y viendo que había mucha gente con el celular, vi que estaban jugando al Pokémon GO y aproveché para capturar un pikachu como todo el mundo, y emprendimos camino a nuestra próxima parada: Namba y, particularmente, Dotombori.

Dotombori es el centro comercial y turístico más grande de Osaka, famoso por sus bares, restaurantes y luces de neón, así que hicimos algunas compras, que en mi caso incluyeron una visita al Apple Store para comprar un iPad nuevo. Acá viene un dato importante de Japón que me olvide de comentar: Hay tax return y no es necesario hacerlo al volver, sino que casi todas las tiendas tienen un mostrador específicamente dedicado a eso donde podes pedirlo presentando el pasaporte, y lo mejor es que independientemente de cómo pagues podés elegir que te den el efectivo en el momento (clave en momentos como este de restricciones cambiarias).

Aprovechamos también par comprar algo de ropa. Japón es, por lo menos para mí, la ciudad con la gente mejor vestida del mundo. Ni Nueva York ni París ni ningún otro lugar famosamente asociado con la moda es tan cool como los japoneses cool. Muchas veces algunas de las combinaciones nos parecían raras pero enseguida nos acostumbramos y necesitábamos usarlas, pero esto nos lleva a un problema con comprar ropa en japón, que es que son todos muy chiquitos y muy flacos. Algunas cosas no me entraban ni los talles más grandes, y aunque había miles de zapatillas increíbles, solamente tenían hasta talle 40 como mucho (igual me volví con unas McQ Brace Lo de la colaboración de Alexander McQeen con Puma que son un 🔥, aunque yo las quería en amarillo y sólo pude conseguir en rojo).

Terminadas las compras, fuimos a ver la verdadera estrella de Osaka: el río Dotombori que da nombre al barrio y tiene sus flacos repletos de carteles de neón, incluyendo uno de los más famosos del mundo, el Glico Man.

Situado justo sobre el puente Ebisu, uno de los puntos de encuentros por excelencia de la ciudad, el Glico Man es un cartel luminoso símbolo de la compañía de caramelos Glico se ha convertido en uno de los íconos de Osaka desde que se instaló en 1935.

Cenamos y tomamos algo mirando el río, y aunque era sábado decidimos cortar la noche temprano. Después de todo, casi no habíamos dormido entre nuestra trasnochada de copas en L’Escatemoteur y el tren de primera hora de Kyoto a Osaka y estábamos muy emocionados por nuestro plan del día siguiente.