Kyoto y los templos del Este

El segundo día en Kyoto nos despertamos tempranísimo para ducharnos antes de desayunar en el hostel, y nada de algo al pasar, sino un buen desayuno porque sabíamos el desgaste que se venía.

Habiamos decidio ibamos a arrancar por el este, yendo hasta el destino más alejado y después volviendo de a poco al centro. El día estaba pesado y aunque bajamos al subte con sol, a la vuelta a la superficie nos encontramos con una lluvia intensa que nos forzó a invertir en unos paraguas para seguir la caminata hasta nuestro primer destino: Fushimi Inari-taisha 伏見稲荷大社.

View this post on Instagram

🌧🌧🌧

A post shared by Agustín Leopoldo Aimi (@agustinaimi) on

Famoso por ser la locación de la película Memorias de una Geisha, Fujimi Inari-taisha es un santuario sintoísta dedicado a Inari, la diosa de los negocios. Situado en una montaña, los empresarios y dueños de negocios ofrecen culto a favor de buena suerte en los negocios, y a cambio donan toriis, los arcos naranjas que hacen famoso al templo y que se calcula, son 32.000 en toda la montaña.

View this post on Instagram

Templo Rojo.

A post shared by Agustín Leopoldo Aimi (@agustinaimi) on

Después de rezar y recibir nuestras bendiciones en la entrada vimos que había dos caminos, uno que bajaba y parecía ir en dirección a la entrada y otro, empinado, que subía la montaña. Sabíamos que la escalada era una caminata larga de más de 1.200 escalones, así que supusimos que no todo el mundo subía y algunos solo visitaban la base y arrancamos nuestro trekking.

Enseguida nos llamó la atención que no estaba todo tan limpio y arreglado como siempre, que no había muchas direcciones y que no había casi nadie más. La lluvia había parado, y mientras nos adentrabamos en el bosque de bambú y altares, tuvimos que empezar a usar los paraguas como “limpiaparabrisas” para limpiar el camino de las telarañas y arañas enormes que había en todos lados. Para este punto ya no estábamos sólos, nos habíamos encontrado con dos youtubers francesas que estaban haciendo vlogs de viaje, y un chabón medio darks que no hablaba.

Cuando llegamos al siguiente claro lleno de esas cosas que no estábamos seguros de que no fuesen tumbas nos encontramos con una señora de mil años y un pibito de unos 12 que hablaba algo de inglés. Ellos nos explicaron que en realidad el camino que teníamos que agarrar era el otro, y que esta parte no estaba tan cuidada porque era la que los locales efectivamente usaban para rezar y demás, mientras que la otra ladera era la preparada para turistas, así que volvimos al punto de partida, y nos dimos cuenta el camino que “bajaba” enseguida arrancaba la escalada hacia el tope, así que volvimos a subir, esta vez por el camino correcto y ya con el cielo despejado.

View this post on Instagram

Qué bien se te ve, Kyoto ⛰

A post shared by Agustín Leopoldo Aimi (@agustinaimi) on

Terminada la escalada, la siguiente parada fue Sanjusangen-do, el templo de mil estatuas. Dedicado al dios Sahasrabhuja-arya-avalokiteśvara (Kannon). Acá adentro no se pueden sacar fotos, pero adentro hay 1000 estatuas de madera talladas, que representan a toda la legión del dios mayor, incluidos Raijin y Fujin.

De ahí emprendimos camino hacia Kiyomizu Dera, pasando primero por Matsubara Dori, la zona aledaña, una aldea folk que mantiene aún la estética tradicional, con calles peatonales de baldosones y tiendas de lo que se te ocurra (particularmente hermosa la de Studio Ghibli, con un Totoro gigante incluído).

Kiyomizu-dera 清水寺 (Templo del Agua Pura) es un complejo de templos declarados patrimonio de la humanidad por la UNESCO, los más antiguos construidos en el año 778, y debo decir que es mi templo preferido de todo japón, sobretodo la gran terraza dedicada a la adoración de buda, que balconea en la montaña sobre los árboles y la aldea, y que según la tradición, si uno salta y sobrevive se le cumple un deseo (pero quién lo va a comprobar, no?).

Cuando salimos de Kiyomizu-dera ya estábamos con hambre, así que nos dispusimos a buscar algún lugar donde pudiésemos probar el matcha cerca del Gion Corner, mientras hacíamos tiempo para ver a las geishas.

Tomamos tres variedades de matcha. Cada té se prepara a una temperatura distinta, y uno tiene varios cuencos y un termómetro para ir pasando el agua hervida de uno en uno hasta que esté a la temperatura exacta para hacer la infusión, y un reloj de arena para calcular el tiempo exacto. Para comer pedimos también tres dulces distintos, que rankeamos así:

  1. Mochi de Batata: El mochi es un pastel japonés hecho de mochigome, una pasta que se obtiene machacando el arroz hasta que se hace una pasta maleable. Este estaba mezclado con batata, que en japón se usa mucho para postres y cosas dulces en vez de una verdura para platos salados. Este nos gustó.
  2. Hanami Dango: Este es medio famoso por tener su propio emoji 🍡, y son unas bolitas de mochi de tres gustos: sakura, regular y matcha, y que se consumen todo el año pero en especial durante la época de floración de los cerezos. Este nos pareció OK.
  3. Warabimochi: Este es polémico. Es una gelatina de almidón de helecho cubierta de kinako (harina de soja tostada), que debería ser dulce pero nosotros no lo sentimos demasiado. Es una pasta difícil de masticar que se pegotea toda en la boca (la harina no ayuda), y a ninguno nos gustó. Sole lloró, literalmente.

Salimos del tomar el té justo a la hora en que las geishas empiezan a circular por la zona en dirección a sus salones. Sus kimonos y maquillajes son hermosos e hipnotizantes, pero es importante no molestarlas o bloquearles el paso, mucho menos pedirles que posen para una foto. Nosotros sacamos solo una:

Gion queda muy cerca también de Nishiki Market, donde ya habíamos estado el día anterior. Detonados porque habíamos caminado más de 35 km pasamos por un restaurant de tempura a cenar, y terminamos el día en la cervecería/café de especialidad del hostel.

View this post on Instagram

Que sea craft 🍺

A post shared by Agustín Leopoldo Aimi (@agustinaimi) on

También aprovechamos para charlar un rato con nuestro nuevo compañero de cuarto, un inglés copado que ya estaba por volver a su casa, pero que nos tiró muchos tips para ir en y desde Osaka. El día siguiente era nuestro último día en Kyoto antes de ir para allá, así que nos sirvió volver temprano.