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Viajero Frecuente

GAMBARE! Patear Tokyo en 24 horas.

Diario de Viaje por Japón, Parte 2.

El segundo día en Tokyo fue una locura. Teniamos solamente 24 horas para meter la mayor parte de destinos posibles antes de irnos a Kyoto para que el día extra que ibamos a tener al final del viaje no tuvieramos que seguir ninguna agenda.

Por suerte el cambio de horario estaba full effect, así que 6 am estabamos arriba y listos para recorrer. Aprovechamos que la mañana estaba regia para desayunar mientras caminabamos lo que encontrabamos en el camino, y ahi descubri mis golosinas japonesas preferidas: los sugar lemons y las tokyo bananas.

El primer destino fue el Palacio Imperial, 9:00 am. Ahí nomas de la estación central, 皇居 (kōkyo) fue construido en 1888 y consiste en un complejo de jardines de 150 hectáreas donde se encuentran las residencias de la familia imperial, el archivo, museos y oficinas administrativas. Caminar por el jardín es en sí una experiencia de contrastes, y es increíble la paz que hay dentro considerando que uno puede ver claramente los rascacielos a sólo unos metros.

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A la salida del palacio aprovechamos para ver por fuera la estación (el día anterior solo habiamos y estado bajo tierra), y caminamos por el barrio hasta para el Foro Internacional de Tokyo, parada obligatoria para cualquier fan de la arquitectura, fue diseñado por el uruguayo Rafael Viñoly, y sorprende por sus estructuras curvas de hierro y cristal que emulan a una embarcación.

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Si necesita reggaeton dale (?)

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De ahí bajamos por Ginza, el barrio cheto donde están todas las marcas de lujo hasta Shimbashi, donde paramos a comer un buen udon en Tsurumaru. El udon es un fideo grueso de harina de trigo que se sirve en cado a base de dashi, salsa de soja y mirin, con más toppings que cambian de región a region pero que en general siempre llevan negi (cebolla de verdeo). Recuerdo que en ese momento nos sorprendieron dos cosas:

Por un lado, lo silenciosa que era la ciudad para ser tan poblada. Había autos pero no tantos comparados con los que uno esperaría (después nos enteramos que uno tiene que demostrar que tiene donde guardar el auto para poder comprarlo), y nunca escuchamos una bocina.

Por el otro, que la ciudad estaba hecha como en “pisos”. Todos los lugares por los que pasabamos tenían pasajes subterráneos que hacen de galerías que conectan estaciones de subte, y terrazas sobre el nivel del suelo con jardines.

Caminando por las terrazas recorrimos Shinjuku, y la tarde nos encontró en los Jardines de Hamarikyu, a la orillas del río Sumida en la Bahía de Tokio. Enorme y diseñado de manera que no importa la estación, siempre está florecido. Helado de matcha en mano, paseamos hasta que se empezó a hacer de noche y nos dimos cuenta de que los guardias empezaban a “acorralarnos” hacia la salida.

De vuelta en la ciudad, los neones ya prendidos nos decían que era hora de cenar o nos iba a pasar lo mismo que el día anterior. Por suerte ya teníamos un plan, cenar ramen cercad de casa.

Ichiran Ramen es una de las experiencias que más me gustaron de Japón. Super chiquito, en un subsuelo de Asakusa, al entrar al restaurante uno elige que es lo que va a comer en una especie de máquina expendedora que te da una boleta amarilla, donde uno marca como quiere su ramen: con o sin cerdo, con huevo, con algas, el nivel de picante (yo siempre mucho). Todo eso se entrega en el mostrador, y te avisan cuando está listo. Obviamente todo estaba en japonés, así que pedimos sides que ya estaban incluidos, y birras y limonadas aunque el agua era libre, pero después de horas y horas de caminata medio que los no mereciamos, y no quedó nada.

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Llenos y listos para irnos a la cama, pasamos por el Templo Sensoji de Asakusa que quedaba de paso al hostel para consultar nuestra fortuna, y con una buenos augurios en mano, volvimos al hostel a preparar todo para irnos a Kyoto.

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Estos cajones te dicen tu fortuna.

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Por Agustin Aimi

Contador 📓
Viajero ocasional 🛫
Playlistero por hobbie 🔊
Me gusta el arte y salir de bares 🎨🥃

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