Hajimemashita, Japon!

Hace unos años estaba buscando un pasaje barato a Tailandia, cuando mi amiga Ale vino con una propuesta: Ella quería ir a ver a su familia a Corea y había unos pasajes muy baratos a Japón, así que podíamos recorrer y después volar a Seúl para pasar su cumpleaños. Mi respuesta fue “LISTO, LO SAQUÉ”, y así fue como terminamos en El País del Sol Naciente 日本 en Septiembre de 2016, nosotros dos y Sole.

Como todo pasaje barato, pueden pasar cosas, en mi caso fue una sobreventa que hizo que yo viajara solo un día después que las chicas, con una escala de 12 horas en México, pero nada importaba porque iba a ir a un país que siempre me había resultado súper lejano y del que tenía muy pocas referencias (los pocos habían ido para esa época habian viajado para ver la final de River el año anterior y no mucho más).

El primer destino, por supuesto, fue Tokyo. Con 33 millones de habitantes, lo primero que tuvimos que decidir es dónde quedarnos, y googleando dimos con Asakusa. Famoso distrito de entretenimiento en el Siglo XX, en los últimos años tuvo un boom de desarrollo impulsado en parte por los turistas que atrae el Templo Senso-Ji:

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Con callecitas tranquilas y prácticamente peatonales, Asakusa nos resultaba fácil para llegar desde el Aeropuerto de Narita, para ir a tomar el shinkansen (tren bala) que unos días después nos llevaría a Kyoto, y bien conectado para visitar los otros distritos de Tokyo. Además, hay que decirlo, medio que Bunka Hostel Tokyo nos compró con su modalidad de cápsulas (o nichos, diría mi madre).

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El barrio.

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Una vez desensillados, salimos a dar unas vueltas por el barrio y enseguida buscamos una experiencia rápida para meternos de lleno en la cultura japonesa y qué mejor para eso que la Estación Central de Tokyo. Cabecera de la mayor parte de los shinkasen, la terminal tiene unas calles subterráneas enormes llenas de locales con dos áreas que nos interesaban en particular. La primera, un gran mercado al mejor estilo Harrod’s, lleno de ingredientes típicos para probar, especias que conocer, y comida callejera para comprar; la segunda, la “Character Street”, un galería llena de stands y locales de estudios de animación, con merch sarpado de todos los animés y películas que se te puedan ocurrir, desde Estudio Ghibli hasta un Centro Pokemon (ese Pikachu se vino conmigo).

Ahora, cómo llegamos hasta ahí? La mejor manera de trasladarse en Tokyo es sin duda el subte. Uno puede comprar pases de 24, 48 y 72 horas (a ¥800, ¥1.200 y ¥1.500 respectivamente) que se activan con el primer uso, y si bien el idioma al principio parece que te la va a complicar, la realidad es que todas las líneas son por color y todas las estaciones tienen números, así que podés olvidarte de los nombres y solamente prestar atención a que te subis en la estación 1 Roja, combinas con la linea verde en la 3 y seguís hasta la 7 verde.

De ahí fuimos a Akihabara, el distrito principal para electrónicos, computadoras y gadgets; pero también para todo lo que tiene que ver con entretenimiento audiovisual (anime, manga y videojuegos) y cosplayers. Las calles son un ataque de neones, luces y videos, de pachinkos y casas de juego, y de lugares de memorabilia o temáticos que nos cansamos de recorrer, como el Final Fantasy Cafe (mi saga de videojuegos preferida, o sea), pero lamentablemente no pudimos sentarnos a comer o tomar algo porque teníamos cita para la noche, en tal vez el más MUST de todo Tokyo: Tokyo Skytree.

Inaugurado en 2012, los 634 metros de altura del Tokyo Skytree lo convierten no sólo la estructura más alta de Japón y sino también la segunda más alta del mundo después del Burj Khalifa, y su gran atractivo, además de ser una torre de televisión y radiodifusión, es el mirador que tiene en la cima.

La torre está abierta de 09:00 a 21:00 pero el acceso es sólo hasta las 20:00, y subir hasta el piso 450 sale aproximadamente ¥3,100 (regular) o ¥4,200 (express), y si bien uno puede comprar pases más baratos que terminan en pisos inferiores, la vista es espectacular y vale completamente esos 10 dólares de diferencia. Como en todos los miradores de este tipo mi opinión es que lo mejor es ver el atardecer, pero hay que tener en cuenta que a diferencia del Rockefeller Centre las entradas acá no tienen rango horario, por lo cuál si es temporada alta hay que ir con tiempo o capaz sacar el express. A nosotros nos salió medio de pedo, por suerte.

La torre tiene un cafe y un restaurante, pero nosotros ya habíamos visto “por casa” un par de lugares en los que queríamos comer, así que solamente picamos una boludez en el bar y nos volvimos a Asakusa donde nos dimos cuenta de algo que no esperábamos de Japón: Primero, que todo queda prendido pero cierra hiper temprano incluidos muchos de los restaurantes que habíamos pispeado, y segundo que la muy pocos locales aceptaban tarjeta (ni siquiera McDonald’s) y teníamos muy poco efectivo, y así fue como terminamos comiendo un sushi dudosísimo de un restaurant todavía más turbio (nivel: comimos sólo piezas con atún y cosas cocidas), y nos volvimos al hostel para cerrar el primer día. Por suerte todavía nos esperaba nuestro frasco de sake de bienvenida para cambiarnos el gusto amargo del final.